miércoles, 3 de mayo de 2017

Las guanteras, el mayor baúl de los secretos

Trabajando en una empresa de desguaces, es mi obligación y, por qué no decirlo, mi vicio oculto, eso de ir mirando las guanteras de los coches que nos dejan aquí. Cualquiera en un despiste puede dejarse algo importante ahí dentro, cosas tales como documentos, recuerdos entrañables, o el cd de tu grupo preferido que pensaste siempre te acompañaría en ese coche.


Aunque no somos conscientes a veces de ello, solemos usar la guantera de nuestro coche como un baúl de los recuerdos, aunque hay quien también la usa como si se tratara de una papelera. Es por eso que no todos los que trabajan en el negocio no son tan dados como yo en revisar estos lugares, por las sorpresas que te puedas encontrar. Y es que, aunque os parezca increíble, varias veces se han encontrado condones usados, e incluso compresas o pañales usados, y claro, cada cual tiene su estómago y no se puede negar que son guarradas que a nadie le apetece volver a ver. Pero yo nunca he tenido tan mala suerte, y soy poco escrupuloso en realidad, así que yo sigo a lo mío, revisando las guanteras una y otra vez.

Pero gracias a esto, y a una experiencia que tuve en esta tarea, es que yo nunca dejo nada, ni importante ni banal, en mi propio coche. Y es que un día, mientras revisaba el interior de un vehículo que un chico joven nos había traído el día anterior, hice un descubrimiento increíble revisando su guantera: una increíble colección de revistas porno gay.

Yo conocía a este chico de verlo por el pueblo, ya que además era más o menos de mi misma edad, y nunca tuve noticia de que fuera homosexual. Sé que puede haber un montón de razones para que esas revistas estuvieran ahí, pero yo sólo pensaba en dos cosas: lo increíble que me parecía que este tío fuera maricón, y el disgusto que se iba a llevar cuando se diera cuenta de dónde las había dejado y que podían desaparecer de un momento a otro.

Y no es que me guste meterme en la vida privada de nadie, pero tras un par de días dándole vueltas al asunto, decidí llamar al dueño del material pornográfico, que yo había guardado a buen recaudo, por si quería recuperarlo. Al principio me dijo que no era suyo, pero al decirle yo que pensaba destruirlo si no era así, reculó rápidamente, y me pidió vernos en algún sitio para que se las entregara. Yo acepté encantado porque para eso lo llamaba, aunque me molestó un poco que quisiera verme la cara de tonto; y que quisiera seguir haciéndolo cuando nos vimos, dándome un montón de excusas que a mí ni me iban ni me venían.

En fin, que una vez entregada las revistas no volví a hablar de ese tema con nadie, aunque él me mirara con cara rara cuando nos encontrábamos por ahí por casualidad. Pero de todo esto saqué claro que las guanteras podrían ser las descubridoras de secretos más eficaces del mundo, y que no iba a dejar de revisarlas nunca aunque sólo fuera por eso.

miércoles, 11 de enero de 2017

Hay vida después de la chatarra



Tod@s los que hemos tenido coche alguna vez y por una u otra razón hemos tenido que acabar con él en el desguace, nos hemos ido de allí con media depresión, pensando que dentro de poco nuestro fiel compañero de juergas y penurias iba a acabar siendo un amasijo de metal alimentando el montón de chatarra que se veía al fondo.
Y no siempre es así, de hecho, son pocas las veces en que eso ocurre. Un coche en una chatarrería, como se les suele llamar coloquialmente, es todo un mundo de posibilidades que no suelen conocer los conductores de a pie (aunque suene a ironía, jejeje), pero que los que andan metidos en el mundillo del motor las tienen bien aprendidas. Mecánicos, profesionales del tunning, vendedores de segunda mano... todos ellos echan mano de estos sitios para hacerse con piezas a veces exclusivas y que suelen salir tiradas de dinero, mientras nosotros pensamos que nuestros coches están en un cementerio sin retorno.
No debemos ir a los desguaces con la sensación de que allí se acaba todo, porque no es así. De hecho, poca gente tiene la ocurrencia de intentar llevar el coche a uno de estos sitios, como le han indicado sí, pero no para hacerlo chatarra, sino para buscarle alternativas. Y eso es lo que hacemos en Desguaces Guipuzcoa, intentar que tu coche pueda volver a salir de aquí por sus propias ruedas, ya que somos profesionales del sector, con gente especialista y muy preparada del mundo del motor, y por supuesto un gran catálogo de piezas de segunda mano de las que tirar si nos es necesario.
No os voy a engañar, a nadie hace gracia llevar su coche a un desguace, y es muy posible que no quede tal y como estaba cuando lo compraste; pero teniendo en cuenta que pensabas decirle adiós y quedarte a dos piernas, no está mal que salgas de nuestro establecimiento montado en él, aunque con algunas modificaciones y puede que no tantas prestaciones, pero decidido a darte todavía muchos buenos momentos con él.
Así que ya sabes, no dudes en acercarte a uno de nuestros talleres si quieres mejorar o simplemente cambiar el aspecto de tu automóvil, sus prestaciones o, por qué no, realizar su venta si estás decidido a cambiarlo por otro antes de que te dé problemas, o simplemente porque te has encaprichado de otro modelo.
No es plan en los tiempos que corren de no tener coche, ya que en muchos trabajos piden carnet de conducir e incluso tener vehículo propio, y como tampoco abundan demasiado las ofertas de trabajo, no se puede ir perdiendo las que te salgan. Y si lo quieres usar simplemente de picadero, pues oye, también está bien, un coche con buenos asientos traseros te hace el mismo apaño que una habitación de hotel, aunque es más barato, y por supuesto es mucho más cómodo que una esquina o el aseo de cualquier disco.
Espero que nos veamos por aquí pronto, donde iré dando información de vez en cuando de nuestros trabajos, y os haré partícipes de cuantas novedades vayan saliendo de nuestros establecimientos.